“MASK SINGER”: un gran diamante con aristas que pulir

El talent revelación de la temporada ha llegado de la mano de Antena 3 y de la productora Fremantle. El formato había arrasado en otros países, por lo que la mayoría de los espectadores teníamos las expectativas muy altas. De eso también se ha encargado el equipo de comunicación de Atresmedia, que había generado mucho revuelo con las pistas y las máscaras en las redes sociales desde mucho tiempo antes del estreno, y que llenó de cuñas y momentos de promoción los programas del grupo mediático.
Desde luego, al día siguiente del primer programa, no se hablaba de otra cosa en las calles, y cuando un programa o evento televisivo logra destacar de tal manera, merece un reconocimiento público en forma de buenas audiencias, como así ha sido.
También es justo reconocer que, tras reventar los audímetros durante la primera noche, los datos comenzaron a bajar de manera inversamente proporcional a la duración del programa, pero que continuaban destacados y siempre otorgaban la victoria a la cadena de Atresmedia en la noche de los miércoles.


La elección del equipo de investigadores ha sido bastante acertada.
En primer lugar, los Javis (Javier Calvo y Javier Ambrossi) tienen un olfato televisivo brutal y una capacidad de generación del espectáculo admirable; son capaces de hacer una procesión de una nimiedad y lograr que sigas pegado a la pantalla, bien por su talento o bien por generar crítica.
Malú ha estado mucho más suelta que en su paso por “La Voz”. Se notaba que este formato requería menos formalismos y permitía salir del corsé habitual de jurado al uso. Ha jugado a ser una niña, y esto se ha transmitido para bien.
José Mota quizás ha sido el nombre menos querido por parte de la audiencia, y es que es un hombre del espectáculo cuyo papel no ha sido tomado en serio. Se ha ceñido a formular teorías inverosímiles con las que rellenar tiempo, pero con menos credibilidad que la de Ágatha Ruiz de la Prada diseñando en tonos grises y negros.

Entre los puntos a favor del programa, encontraríamos la novedad que su estreno supone, por aportar nuevos registros a la televisión actual. También el fichaje de ciertos personajes destacados que no suelen prodigarse por platós de televisión o cuyos picos de fama pasaron. Sin duda, la inesperada Georgina Rodríguez, pareja de Cristiano Ronaldo, y la conocida Terelu Campos, colaboradora de la cadena de enfrente, fueron las dos estrellas del concurso; por su revelación tras las máscaras, por el impacto que supone que estas participen y por sus canciones pegadizas gracias a las que todos caímos en un bucle.
Además, la generación de diferentes teorías para jugar a averiguar qué famosos se escondían detrás de las cámaras, ha sido un aliciente para participar en él desde nuestros sofás.

También subrayo errores bastante claros.
Como primer punto: la elección de las pistas, algunas de muy fácil solución con un navegador al lado. No entiendo cómo no se habían planteado que las nuevas generaciones somos humanos pegados a un dispositivo. Este punto acaba de hundirse cuando se muestran fotos, con las que no quedan dudas de los personajes que se esconden detrás.

El contrato de confidencialidad lo habría presentado con una mayor claridad a los firmantes, y es que es un hecho terrible que el afán de protagonismo y promoción de una representante pueda poner en la pista o incluso descubrir a parte de los participantes.
Tampoco hubiera presentado el talent destacando un horario óptimo para ir a dormir pronto o verlo en familia, y es que, tras los primeros programas, esto desapareció y tuvimos que llenar el tazón de cereales mientras el público gritaba mientras se desvelaba el famoso eliminado.
El plató es bastante reducido comparado con el de los grandes programas de entretenimiento de la cadena de San Sebastián de los Reyes, y eso hace que no se plasme tan visualmente atractivo de cara al espectador.
Arturo Valls, como presentador y showman, a veces se excede en protagonismo, pero es José Mota el que realmente satura con su verborrea inconsistente. Quizás apostaría por otra persona que lo sustituyera. De hecho, creo que a su mejor sustituta la tuvieron sentada junto al resto de investigadores, con el nombre de Eva González. La presentadora se mostró muy natural y participativa, y eso ayudó a decidir que queríamos darle este espacio. Otros personajes que quizás funcionarían podrían ser Quique Peinado o Jorge Fernández.
Otro gran fallo radica en la preparación de los playbacks; y es que cuando los famosos se descubrían y debían actuar, se notaba que no se sabían ni la canción y que a duras penas pronunciaban alguna palabra. Para un formato de tanto lustre, queda como un gran borrón.

En resumen, el programa ha sido un “bombazo” y, si pule errores como los anteriormente expuestos, nos volverá a tener cautivados en la próxima edición. Esta vez pedimos jugar con retos más difíciles y menos evidentes, para lograr de verdad sorprendernos como ocurrió en la primera gala. Estoy seguro de que subirán el listón para crear más ruido y que nos involucremos en teorías a prueba de mucha información previa y un gran trabajo investigativo.

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